Una declaración de amor

Mañana D’Brujas está de aniversario y celebro a las mujeres detrás de cada batalla en estos nueve años.

No, este no será un post de positivismo tóxico con frases hechas que anulan la realidad, esto es una declaración de amor.
Amo que se levanten cada día con la misma fuerza, las mismas ilusiones y el mismo sentimiento.
Amo no ser imprescindible, que D’Brujas vuele con su propia esencia y que todas tengamos el mismo lenguaje; no importa la latitud dónde estemos.
Amo que perdure el sueño, aunque el anhelo se quede corto o sea mutilado cada día.
Amo que sean un muro, donde cada una se apoya en la otra cuando la realidad golpea.
Amo haber pateado cada puerta que se nos cerró, y tenerlas a ustedes cómo impulso para seguirle el juego a cada experimento, corriente, campaña, listado, pa alante o pa atrás.
Celebro, sí, a cada una de ustedes.

Sólo ustedes saben que salirme, sin patear lo que detesto, traicionando mi naturaleza, fue mi mayor acto de amor; por D’Brujas, por ustedes.
Las quiero chicas.

¿Se abre?

… «Pero si hallas el rumbo, que te lleva allá afuera… al final del camino otra puerta te espera.

Cuando se abre una puerta siempre surge el peligro de que todo el contento se te vaya al vacío, que te sientan ajeno, no le gustes a alguien, de que muestres dos caras al final de la calle; de que el sueño de un hombre se te pose en el cuerpo y adelante en el tiempo liberando tus manos, de que allá en algún parque te arrepientas de todo sino alumbra el sol, tus ojos.

Cuando se abre una puerta y entra algún comentario, es la rabia de aquellos que se han ido olvidando, por esos con el rostro de apariencia inocente que han vivido en las dudas donde suda otra gente; cuando se abre una puerta y el silencio se rompe por la enorme palabra que descubre a otro hombre, puede que allá en la calle te decidas a todo, sin volver atrás los ojos.

Cuando me abran la puerta buscaré los secretos y me iré con un grito que se escuche a lo lejos, para que allá en la calle te decidas a todo; a mirarnos más a los ojos»

Polito Ibáñez

Tocados por la magia

Foto/Modelo: Lisset Galego

En estos días de incertidumbres, miedos y encierro obligatorio para la mayoría, nos toca reajustar rutinas, establecer metas más cercanas y adoptar nuevas maneras que nos permitan sostenernos, en todos los sentidos, para salir ilesos de los estragos de este evento inesperado.

Como muchos, D’Brujas cerró sus puertas al público hace ya más de un mes, aún así, hemos continuado trabajando ofreciendo nuestros productos para llevar a domicilio.

Al contrario de lo que se pueda pensar, sobre todo porque D’Brujas vende jabón y como producto de higiene se considera el jabón un artículo de primera necesidad, nos montamos la idea de recibir pedidos para entregar casi como una utopía ya que, como público, nos hemos habituado a recibir en casa productos relacionados con la gastronomía y además porque los jabones D’Brujas nunca han sido elegidos para satisfacer únicamente necesidades básicas.

Pero este post no es para hablar de los jabones D’Brujas, es para hablar de las personas que nos eligen, para los que nos siguen desde el inicio, para los que nos recomiendan, para los que regalan nuestros productos sin tan siquiera haberlos utilizado primero, para los que nos impulsan a seguir y nos alientan con palabras de agradecimientos.

Para los nuevos que llegan, para los que han escogido este tiempo para conocernos y eligen regalarse D’Brujas por primera vez.

Sí, la magia está en el aire.

Foto: Claudia

«Son los momentos lindos como estos los que nos hacen elegirlos. Aquí tengo a mi niña emocionada, estamos de cuarentena y D’Brujas nos va a ayudar a hacer SPA en casa»

Claudia. 23 de marzo 2020

Estoy hechizada con cada muestra de cariño, con cada palabra, con cada pregunta.

Foto: Cristina

«Los usaré por primera vez, pues las otras veces que he comprado han sido siempre para regalar»

Cristina, 8 de abril de 2020

Hechizada porque con cada entrega recibimos mucho más de vuelta que el precio del pedido. En este momento tan difícil para todos no podemos hacer otra cosa que agradecer a todos aquellos que siguen apostando por D’Brujas.

«Ya probamos algunos de sus productos. Los polvos suavizantes son el paraíso, un olor maravilloso y te dejan los pies como nuevos… Hoy probé los polvos de limpieza facial de Matcha y están espectaculares. Gracias miles de verás, estoy muy feliz.»

Laura, 19 de abril 2020

No podría poner acá todos los mensajes y fotos que nos envían, pero este post es para cada uno de ustedes. Son nuestra razón para reinventarnos cada día y el regalo perfecto para siete años de duro trabajo.

¡Gracias!

Emprender en Cuba

La primera vez que escuché la palabra emprendimiento fue por el año 2007, cuando trabajaba como educadora especial en un país extranjero. Ese término me resultaba tan ajeno como el país donde me encontraba y confieso que nunca sentí que tuviera que ver conmigo como mismo no me sentía en casa.

Llegó el año 2010, apertura del trabajo por cuenta propia. Ya estaba en casa, mi hijo recién nacido y con esa apertura mi oportunidad para probar en un terreno totalmente desconocido para nosotros los cubanos; al menos para los de mi generación hacia abajo, porque nuestros padres sí tuvieron alguna referencia por muchos de nuestros abuelos.

Igual esa palabra no empezó a aparecer en escena, al menos para mí, hasta el año 2013 cuando asistí al curso de «Cubaemprende» y allí, en un mes, además de adquirir las herramientas básicas en diferentes áreas elementales para poder iniciar una actividad económica, lo más enriquecedor fue descubrir que existía un «término» para definir todos los sentimientos que me habían llevado hasta ese justo momento y que habían marcado mi manera de actuar toda mi vida. Ese mismo año fue fundada D’Brujas, una empresa que se dedicaría a elaborar jabones artesanales enriquecidos con ingredientes naturales.

¿Pero qué significa emprendimiento?

En diferentes literaturas se denomina al emprendimiento como la actitud que toma un individuo para iniciar un nuevo proyecto que se desarrolla con esfuerzo, haciendo frente a diferentes dificultades, con el objetivo de llegar a un determinado punto o cumplir una meta.

Siguiendo esa denominación, entonces podríamos decir que un «emprendedor» es una persona con una actitud proactiva ante las dificultades que surgen en el día a día, que transforma las ideas en actos y busca soluciones para alcanzar las metas que se haya establecido. Por supuesto, en el curso estábamos preparándonos para crear una «empresa», aunque el término no puede resumirse sólo a eso, sino más bien ser sinónimo de creatividad, innovación y capacidad de planificar, adaptarse a los cambios y gestionar nuevos proyectos.

Pero en el transcurso del desarrollo del cuentapropismo en nuestro país, alrededor del año 2016, comenzó a otorgársele otra connotación a los llamados emprendedores. Dentro de las definiciones podías encontrar que ser un emprendedor era igual a ser un individuo que:

  • Está promoviendo la diferencia de clases.
  • Está haciendo algo fuera de la ley por eso le va «bien».
  • Tiene dinero o algún extranjero a su lado por eso tiene éxito.
  • Aprovecha las oportunidades que brinda el capitalismo para sugerir a sus compatriotas un modelo poco comprometido con el sistema.

Ser calificado como «emprendedor de primera línea» significaba todo lo contrario a lo que debería ser por definición del término. Y sí, muchas veces se me otorgó ese calificativo como a otros tantos, muchas veces me sentí agraviada por ubicárseme dentro de una denominación que no me define. Recuerdo una muchachita de mi cuadra que llegó un día a mi casa, antes que tuviéramos acceso a la Internet a través del móvil, a pedirme que le buscara en Google un dato para una tarea de la escuela. Yo le dije:

– Mi niña, quisiera ayudarte, pero yo no tengo Internet.

Ella me miró como si le hubiera hablado en otro idioma, sobre todo porque en mi rostro vio reflejada la pregunta que no le hice:

– ¿ Por qué piensas tú que yo tengo acceso a Internet?

Las dos sabíamos la respuesta.

Pero a pesar de todo no desistí. Mi única respuesta al enojo y la frustración fue seguir saltando muros, ser consecuente con lo que decidí construir, no traicionarme amén de dos o tres salidas que algunos hubieran considerado para hacerse la vida más fácil y seguir trabajando como lo hemos hecho desde el inicio.

Y estoy feliz de seguir dando pelea, feliz porque estoy desde el principio y veo lo que hemos avanzado. Veo lo que podemos llegar a lograr cuando terminen de caer las etiquetas y trabajemos todos juntos por nuestra Cuba, no importa desde qué sector lo hagamos.

Entonces siéntete orgulloso de tener una idea que no te deje dormir; por pequeña que sea, si te quita el sueño, puede llegar a ser algo por lo que valga la pena luchar. Prepárate, instrúyete, comprométete; aprovecha el tiempo de reposo al que nos ha obligado este desastre de epidemia mundial.

Cuando todo termine tendremos que reinventarnos. Yo estoy lista para hacerlo, sólo deseo que tú lo hagas con tanto ímpetu que no haya muro que no puedas saltar.