Sí… puede que para ti también ese sea el número en que te sientas a mitad de camino. A estas alturas son muchos los verbos sumados, todos y cada uno de ellos conforman nuestras historias. Historias simples, otras complejas, unas más lindas, algunas más feas; pero todas singulares, únicas, que nos hacen irrepetibles.
¿Pero cómo nos damos cuenta que estamos a mitad de camino?
No es cuando te descubres dos o tres arrugas que quisieras se perdieran de vista como lo hace el hilo tratando de ensartar una aguja, ni tampoco cuando en la calle escuchas a alguien decir:
– Voy detrás de la «señora».
– ¡¿Perdón?! – tienes deseos de decirle a la mujer que podría ser tu tía.
Es el recuento de nuestros pasos, cuando empiezas a mirar hacia atrás, lo que marca el justo medio. Comenzamos entonces a conectar puntos, a hacer balances, a sacar cuentas. Nos hacemos preguntas que tal vez no tengan respuestas; y vienen los por qué, los cómo, los cuántos, los si yo hubiera y los quizás. Sí… cuando empiezas a mirar atrás, llegó la hora de hacer una pausa.
Una pausa para tratarnos con cariño, una pausa para aprender a mirar. Para conectar los puntos, sí, pero enfocarnos en las conquistas logradas. Para hacer balances, sí, pero enfocarnos en los aciertos. Para sacar cuentas, sí, pero enfocarnos en las ganancias y menos en las pérdidas.
No es secreto para nadie que en «esta etapa» somos un volcán casi siempre a punto de explotar. Mi esposo se lo piensa dos veces para iniciar cualquier tema de debate si estoy en modo «terapia», cómo él dice. ¡Cualquier paso en falso puede desatar una guerra nuclear!
Pero también estoy aprendiendo a mirar atrás de la manera correcta, tomándome mi pausa, para seguir avanzando. Porque tenemos todo un camino que nos queda por recorrer, y tenemos que hacerlo con todas las ganas de vivirlo.
Contamos con una experiencia de vida que no puede ser otra cosa que un arma a nuestro favor y todavía juventud para acomodar nuestras historias. Entonces, soltemos los lastres que nos impidan avanzar, hagamos las paces con las viejas heridas, tomemos las riendas de nuestros anhelos y sigamos guerreando sin miedo a volar.
