Una declaración de amor

Mañana D’Brujas está de aniversario y celebro a las mujeres detrás de cada batalla en estos nueve años.

No, este no será un post de positivismo tóxico con frases hechas que anulan la realidad, esto es una declaración de amor.
Amo que se levanten cada día con la misma fuerza, las mismas ilusiones y el mismo sentimiento.
Amo no ser imprescindible, que D’Brujas vuele con su propia esencia y que todas tengamos el mismo lenguaje; no importa la latitud dónde estemos.
Amo que perdure el sueño, aunque el anhelo se quede corto o sea mutilado cada día.
Amo que sean un muro, donde cada una se apoya en la otra cuando la realidad golpea.
Amo haber pateado cada puerta que se nos cerró, y tenerlas a ustedes cómo impulso para seguirle el juego a cada experimento, corriente, campaña, listado, pa alante o pa atrás.
Celebro, sí, a cada una de ustedes.

Sólo ustedes saben que salirme, sin patear lo que detesto, traicionando mi naturaleza, fue mi mayor acto de amor; por D’Brujas, por ustedes.
Las quiero chicas.

Noviembre

Soy más de sombras que de luces, más de noche que de día; tendría que pintar flores negras que vayan conmigo, hoy.

Pero persigo la luz que crea la sombra para sentir en caleidoscopio. Matices ansiados, latidos, fuego. Sal, coraje, locura y llanto.

Noviembre, mi dulce noviembre, marcado en blanco ahogado, rojo histérico y azul violento.

¿Cómo hacer para que llueva un arcoiris, si junto a la cordura se perdieron los colores?

Psicosis

Después que salga de aquí me inventaré una ciudad distinta.

Pondré colores en los grises, puertas en los muros rotos. Pintaré sonrisas en los ojos, escucharé latidos no lamentos.

Cambiaré nombres a las calles… quitaré sustantivos, sólo habrá lugar para adjetivos que modifiquen sentimientos.

Borraré los caminos donde casi me pierdo, diré adiós a lugares en que ya no estás tú.

Dibujaré imágenes con otras portadas y estatuas sentadas, no en guerra, no en pie.

Tomaré del cabello a la brisa revuelta que escarba en el odio y no deja pensar.

Le partiré las piernas al verso morboso que ciega el impulso y disfuta otorgar.

Después que salga de aquí amor, me inventaré nuestra ciudad distinta.

De mi Homero

La noche se posó en la copa de las cavernas,
 por las ramas del ánima la oscuridad trepa,
 ahí va,  pregonando lo que confesa. 
Ella es bella, es torbellino, es una estrella; muchas rodillas hincadas cuando su pecho al aire vuela. 
Huellas de fe se adelantan ,
 tempestades acarician su cabello
 antes que un rayo de luz le dedique una ofrenda de lauros frescos.
 No temas mi niña...
los necios ignoran que la voluntad es eterna,
 y que la vara de Moisés los mares doblega.

5×5=25

Sales de tu casa con la certeza de que hoy es el último día en que la tienda que provee tu materia prima para trabajar tendrá algo para vender.

Igual vas, porque quieres constatar que lo que ya sabías que sucedería, es un hecho. La chica zombie detrás del mostrador, no sabe bien qué va a pasar pero no le preocupa mucho. El 2021 comenzó con aumento de salario para el sector estatal, así que algo la pondrán a hacer para justificar su pago.

Del lado tuyo ya la cosa cambia. Te vas, arrastrando los pies y la cabeza a punto de explotar porque todo está patas arriba.

0 materia prima = 0 producción. Lo que se traduce en:

0 ventas = 0 salario

Tus ahorros ya se fueron, en dos meses hará un año que llegó la Covid. Nada de pagos, de alguna ayuda para tí en ocho meses; pero sí… al final del año sí pagaste tu Seguridad Social.

Vas regresando a casa, en el camino hay que agarrar todo lo que te pase por al lado, o pasar tú por dónde puedas encontrar algo. Te llegas hasta la preciosa «Casa Rosada», no hay pan pero compras algunos dulces que te alegrarán el día.

Sales con la bolsa, la mochila y el pomito con alcohol, todo en las manos. El sudor te corre por la cara, se te empañan las gafas con tu respiración y la mascarilla, la gente a tu alrededor parecen hormigas locas. Ves salir a alguien con una rueda de cigarros del «Mekong», miras hacia la puerta de la tienda y casi te desmayas al descubrir que no hay cola.

Es esta tu oportunidad de no pagar en unos días la caja de cigarrillos a más de 35 pesos. Sabes que lo vas a dejar, pero será cuándo tú quieras, te repites lo mismo todos los días. Marcas, eres el cuarto, pero desde que pides el último ya estás arrepentido. La señora que dirige la cola casi te come porque no sabes que tienes que darle el carné de identidad. Se demora un siglo en escanearlo, ya te toca. Cuando te lo devuelve vas hacia la puerta, YA TE TOCA, pero no… vuelve a gritarte que tú no entiendes nada, ella es la que manda a pasar.

Te llenas de paciencia, no quieres faltarle el respeto. Cuentas hasta mil cuando te hace regresar para esperar por su voz de mando, pero al fin entras; no debe tomar mucho tiempo.

Le pides al dependiente una rueda de Populares Rojos (para quién no fuma, una rueda de cigarros trae 10 cajas). Mueve la cabeza negando y te dice que sólo puede venderte 5 cajas de un mismo tipo; que puedes comprar de todos los cigarrillos que tienen disponibles, pero sólo 5 cajas. Miras a tu alrededor y te das cuenta que tienes cuatro tipos de marcas a escoger además de la que fumas tú, sacas tu cuenta y según lo que te acaban de decir puedas salir de la tienda con 25 cajas de cigarros, pero sólo 5 de las que necesitas.

Replicas, tú no quieres 25 cajas de cigarros, tú sólo quieres 10 de los que tú fumas y no 20 para revender. El compañero se insulta y como dueño de ese corral, según él, te dice que no estés sacando tantas cuentas. Es una resolución administrativa, cerró la conversación.

Y así te vas, con sólo 5 cajas, de las que fumas tú. Porque te niegas a seguirle el juego a tanta estupidez, porque te resistes a dejarte llevar por la marea, porque no te da la gana de que esa sea la forma de ganarte unos pesitos.

Él, ganando un sueldo sin poner las neuronas a funcionar, y tú, tratando de acallar tus neuronas para no estallar.

¿Se abre?

… «Pero si hallas el rumbo, que te lleva allá afuera… al final del camino otra puerta te espera.

Cuando se abre una puerta siempre surge el peligro de que todo el contento se te vaya al vacío, que te sientan ajeno, no le gustes a alguien, de que muestres dos caras al final de la calle; de que el sueño de un hombre se te pose en el cuerpo y adelante en el tiempo liberando tus manos, de que allá en algún parque te arrepientas de todo sino alumbra el sol, tus ojos.

Cuando se abre una puerta y entra algún comentario, es la rabia de aquellos que se han ido olvidando, por esos con el rostro de apariencia inocente que han vivido en las dudas donde suda otra gente; cuando se abre una puerta y el silencio se rompe por la enorme palabra que descubre a otro hombre, puede que allá en la calle te decidas a todo, sin volver atrás los ojos.

Cuando me abran la puerta buscaré los secretos y me iré con un grito que se escuche a lo lejos, para que allá en la calle te decidas a todo; a mirarnos más a los ojos»

Polito Ibáñez

Mi abuela Ofelia y la lágrima infinita

Ella me habla en poesía. No se siente grandiosa, aunque haya hecho grandes cosas.

Ella me habla en poesía. Escucho sus anécdotas tratando de imaginarme caminando a su lado. Tanto me ha contado, y nunca dejan de moverse nuevos sentimientos.

Ella me habla en poesía. Hoy se descubrió ante mí con las palabras precisas, quizás porque sabe que mi alma está enamorada de su espíritu.

Este fue su regalo para mí:

«¡Esa!… La que en el alma llevo oculta;
la que no salta fuera ni se expande
en la pupila. La que a nadie insulta
en un alarde de dolor. La grande,
la infinita y sombría,
la terca, la traidora, la doliente
lágrima de dolor… ¡lágrima mía!
que está clavada en mí profundamente.
La que no da una tregua ni un consuelo
de dulce sollozar. La que me hiere
y no punza, y no obedece, y pone un velo
turbio en mis ojos. La que nunca muere
ni nace en flor de rostro. La que nunca
refrena su latir; la que no intenta
asomarse a la faz y quedar trunca,
y hace la pena interminable y lenta.
Agua de manantial que va en la sombra
tortuosa de mi yo, tierra maldita
donde no nace planta ni se nombra
ningún nombre de amor… ¡Esa infinita
lágrima es de dolor, sorda y amarga,
que llega hasta mis ojos y no fluye
en catarata ardiente! La que embarga
mi ser y en el silencio se diluye…
Gota que cristaliza y se hace piedra,
dolor que se concreta y se resume;
planta parásita como la hiedra
que trepa al corazón y lo consume.
Infinito dolor sin esperanza
de resolverse en líquido siquiera.
Invierno seco y duro que no alcanza
a transformarse luego en primavera.
Nieve perpetua sin ningún deshielo.
Polo desierto que en la ardiente entraña
anhela el húmedo calor del cielo,
que ni lo fertiliza ni lo baña.
Lágrima que no alivia la tortura
de los ojos cansados de infinito.
Lágrima que no cura la amargura;
que no es queja, ni expresión ni grito.
Cántaros secos, áridos, mis ojos.
Páramos sin frescura ni rocío.
Febricitantes de escrutar los rojos
límites del espacio y del vacío.
¡Esa…! La que no llega ni ha llegado
ni llegará a los ojos nunca… ¡nunca!…
Mí lágrima tenaz, que no ha mojado
el Sahara estéril de mi vida trunca;
esa… no la verás, porque en la calma
de mis angustias se ha trocado en perla.
Para verla hace falta tener alma,
y tú… ¡no tienes alma para verla!»

Hilarión Cabrisas.

Tocados por la magia

Foto/Modelo: Lisset Galego

En estos días de incertidumbres, miedos y encierro obligatorio para la mayoría, nos toca reajustar rutinas, establecer metas más cercanas y adoptar nuevas maneras que nos permitan sostenernos, en todos los sentidos, para salir ilesos de los estragos de este evento inesperado.

Como muchos, D’Brujas cerró sus puertas al público hace ya más de un mes, aún así, hemos continuado trabajando ofreciendo nuestros productos para llevar a domicilio.

Al contrario de lo que se pueda pensar, sobre todo porque D’Brujas vende jabón y como producto de higiene se considera el jabón un artículo de primera necesidad, nos montamos la idea de recibir pedidos para entregar casi como una utopía ya que, como público, nos hemos habituado a recibir en casa productos relacionados con la gastronomía y además porque los jabones D’Brujas nunca han sido elegidos para satisfacer únicamente necesidades básicas.

Pero este post no es para hablar de los jabones D’Brujas, es para hablar de las personas que nos eligen, para los que nos siguen desde el inicio, para los que nos recomiendan, para los que regalan nuestros productos sin tan siquiera haberlos utilizado primero, para los que nos impulsan a seguir y nos alientan con palabras de agradecimientos.

Para los nuevos que llegan, para los que han escogido este tiempo para conocernos y eligen regalarse D’Brujas por primera vez.

Sí, la magia está en el aire.

Foto: Claudia

«Son los momentos lindos como estos los que nos hacen elegirlos. Aquí tengo a mi niña emocionada, estamos de cuarentena y D’Brujas nos va a ayudar a hacer SPA en casa»

Claudia. 23 de marzo 2020

Estoy hechizada con cada muestra de cariño, con cada palabra, con cada pregunta.

Foto: Cristina

«Los usaré por primera vez, pues las otras veces que he comprado han sido siempre para regalar»

Cristina, 8 de abril de 2020

Hechizada porque con cada entrega recibimos mucho más de vuelta que el precio del pedido. En este momento tan difícil para todos no podemos hacer otra cosa que agradecer a todos aquellos que siguen apostando por D’Brujas.

«Ya probamos algunos de sus productos. Los polvos suavizantes son el paraíso, un olor maravilloso y te dejan los pies como nuevos… Hoy probé los polvos de limpieza facial de Matcha y están espectaculares. Gracias miles de verás, estoy muy feliz.»

Laura, 19 de abril 2020

No podría poner acá todos los mensajes y fotos que nos envían, pero este post es para cada uno de ustedes. Son nuestra razón para reinventarnos cada día y el regalo perfecto para siete años de duro trabajo.

¡Gracias!

Emprender en Cuba

La primera vez que escuché la palabra emprendimiento fue por el año 2007, cuando trabajaba como educadora especial en un país extranjero. Ese término me resultaba tan ajeno como el país donde me encontraba y confieso que nunca sentí que tuviera que ver conmigo como mismo no me sentía en casa.

Llegó el año 2010, apertura del trabajo por cuenta propia. Ya estaba en casa, mi hijo recién nacido y con esa apertura mi oportunidad para probar en un terreno totalmente desconocido para nosotros los cubanos; al menos para los de mi generación hacia abajo, porque nuestros padres sí tuvieron alguna referencia por muchos de nuestros abuelos.

Igual esa palabra no empezó a aparecer en escena, al menos para mí, hasta el año 2013 cuando asistí al curso de «Cubaemprende» y allí, en un mes, además de adquirir las herramientas básicas en diferentes áreas elementales para poder iniciar una actividad económica, lo más enriquecedor fue descubrir que existía un «término» para definir todos los sentimientos que me habían llevado hasta ese justo momento y que habían marcado mi manera de actuar toda mi vida. Ese mismo año fue fundada D’Brujas, una empresa que se dedicaría a elaborar jabones artesanales enriquecidos con ingredientes naturales.

¿Pero qué significa emprendimiento?

En diferentes literaturas se denomina al emprendimiento como la actitud que toma un individuo para iniciar un nuevo proyecto que se desarrolla con esfuerzo, haciendo frente a diferentes dificultades, con el objetivo de llegar a un determinado punto o cumplir una meta.

Siguiendo esa denominación, entonces podríamos decir que un «emprendedor» es una persona con una actitud proactiva ante las dificultades que surgen en el día a día, que transforma las ideas en actos y busca soluciones para alcanzar las metas que se haya establecido. Por supuesto, en el curso estábamos preparándonos para crear una «empresa», aunque el término no puede resumirse sólo a eso, sino más bien ser sinónimo de creatividad, innovación y capacidad de planificar, adaptarse a los cambios y gestionar nuevos proyectos.

Pero en el transcurso del desarrollo del cuentapropismo en nuestro país, alrededor del año 2016, comenzó a otorgársele otra connotación a los llamados emprendedores. Dentro de las definiciones podías encontrar que ser un emprendedor era igual a ser un individuo que:

  • Está promoviendo la diferencia de clases.
  • Está haciendo algo fuera de la ley por eso le va «bien».
  • Tiene dinero o algún extranjero a su lado por eso tiene éxito.
  • Aprovecha las oportunidades que brinda el capitalismo para sugerir a sus compatriotas un modelo poco comprometido con el sistema.

Ser calificado como «emprendedor de primera línea» significaba todo lo contrario a lo que debería ser por definición del término. Y sí, muchas veces se me otorgó ese calificativo como a otros tantos, muchas veces me sentí agraviada por ubicárseme dentro de una denominación que no me define. Recuerdo una muchachita de mi cuadra que llegó un día a mi casa, antes que tuviéramos acceso a la Internet a través del móvil, a pedirme que le buscara en Google un dato para una tarea de la escuela. Yo le dije:

– Mi niña, quisiera ayudarte, pero yo no tengo Internet.

Ella me miró como si le hubiera hablado en otro idioma, sobre todo porque en mi rostro vio reflejada la pregunta que no le hice:

– ¿ Por qué piensas tú que yo tengo acceso a Internet?

Las dos sabíamos la respuesta.

Pero a pesar de todo no desistí. Mi única respuesta al enojo y la frustración fue seguir saltando muros, ser consecuente con lo que decidí construir, no traicionarme amén de dos o tres salidas que algunos hubieran considerado para hacerse la vida más fácil y seguir trabajando como lo hemos hecho desde el inicio.

Y estoy feliz de seguir dando pelea, feliz porque estoy desde el principio y veo lo que hemos avanzado. Veo lo que podemos llegar a lograr cuando terminen de caer las etiquetas y trabajemos todos juntos por nuestra Cuba, no importa desde qué sector lo hagamos.

Entonces siéntete orgulloso de tener una idea que no te deje dormir; por pequeña que sea, si te quita el sueño, puede llegar a ser algo por lo que valga la pena luchar. Prepárate, instrúyete, comprométete; aprovecha el tiempo de reposo al que nos ha obligado este desastre de epidemia mundial.

Cuando todo termine tendremos que reinventarnos. Yo estoy lista para hacerlo, sólo deseo que tú lo hagas con tanto ímpetu que no haya muro que no puedas saltar.

El niño que sabía dibujar

Sus amiguitos lo miraban como a un héroe, esperando impacientes su turno para que «Piti» decorara sus libretas con los muñe de moda. Voltus V, Mazinger y Superman volaban por toda el aula, aunque este último no podía quedar en ninguna carátula, su lugar era la mochila, bien escondido. Ellos no sabían muy bien porqué, pero cuando la maestra descubría ese tipo de dibujos hablaba de «diversionismo-algo», lo que era igual a ponerse brava y terminar algunos en la dirección.

Pero Piti, por su gran talento, siempre era escogido para participar en los concursos que convocaba la escuela. No importaba el nivel, Piti resultaba triunfador. Sus maestros felices – ¡Oh, orgullo de Luis Alfonso Silva Tablada! – y él, capaz de llevar al papel lo que pintaba en su mente, disfrutaba ser motivo de tanta felicidad.

Y llegó el tan esperado 4 de abril, con una connotación diferente para los niños de Cuarto Grado pues sería el último curso en su querida escuela. Para conmemorar la fecha se darían los resultados de un concurso de dibujo organizado por el Municipio: «Mi escuela, la más bonita».

No sólo Piti, sus amigos también sabían que sería el ganador. El niño se había esmerado mucho. Todas las tardes, al terminar sus clases, se sentaba en la acera de enfrente para mirar su escuela desde otra perspectiva. No quería que se le escapara ningún detalle, muy importantes para él a la hora de dibujar. Y sabía que lo había logrado, se sentía orgulloso de su obra; sobre todo porque a pesar de sus esfuerzos no había podido evitar que, algunos curiosos, vieran su dibujo en el momento de la entrega. Todos quedaron maravillados y algunos de los participantes sin esperanza a lugares.

Pero esa mañana, al llegar a su aula, no parecía un día de celebración. Su maestra lo miró muy seria y sin darle tiempo a preguntarse qué pasaba le dijo:

– ¡Vamos para la dirección!

El camino hasta allá se le hizo eterno, buscaba en su mente las razones para eso. Al llegar a la puerta de la temida habitación su maestra casi susurró:

-Ahora vas a tener que explicar porqué pintaste tu escuela tan fea.

Antes de que pudiera reaccionar ya estaba sentado en una silla, no entendía nada. La directora y un señor que no conocía no paraban de preguntarle sin sentidos y a cada pregunta, sus respuestas, parecían agravar la situación.

– ¿Esta es tu escuela? – le preguntó el señor moviendo el dibujo.

– Sí – respondía el Piti.

– ¿Pero niño cómo tu vas a decir que esa es tu escuela? – decía la directora casi en súplica.

– ¡Esa es mi escuela maestra! – volvió a responder el niño ya con ganas de llorar.

El alboroto era mucho, el señor salía y entraba, tomó una hoja de papel en blanco y le dijo, en tono condescendiente:

– No te vas hoy de aquí hasta que pintes tu escuela bien. Te voy a dar otra oportunidad.

¿Bien?, entendía cada vez menos, pero no se atrevía a preguntar. Los mayores cuchicheaban en el pasillo, lo miraban, molestos; oía sus frases, entrecortadas, hasta que volvió a escuchar las palabras «diversionismo-algo» que congelaron su corazón. Sabía que estaba en problemas, lo que no sabía porqué.

Con miedo, tembloroso, comenzó a marcar los primeros trazos. En su mente los detalles se pintaban solos: el árbol y las sombras de sus hojas proyectadas en el patio, la fachada con su pintura azul descascarada dónde siempre descubría nuevas siluetas, las grietas de la columna del portal, el busto que les daba la bienvenida, las luces que salían a través de la ventana rota del aula de tercero. ¡Era esa… esa era su escuela!

Pero cada vez que dibujaba algún detalle las hojas volaban por el cielo:

– ¡Otra vez!

– ¡Así no!

– ¡De nuevo!

El niño no contenía el llanto, más por impotencia que por miedo. El es un buen alumno – decía su maestra. El señor desconocido entró de nuevo a la dirección con un montón de papeles bajo el brazo, eran las obras del concurso.

– ¡¿Tú no puedes pintar algo así?!

Piti miró sorprendido los dibujos de sus compañeros, tan coloridos, impersonales y con las típicas figuras de los niños de su edad.

Sus manos fueron nuevamente a la hoja sucia y marcada por las huellas de sus lágrimas, había entendido todo, de golpe. Tomó una crayola, dibujó un cuadrado y dos o tres trazos que no puede recordar.

Aplaudieron los mayores, respiraron sus maestros, – ¡ahora sí! – no paraban de gritar. Recogieron su dibujo, lo incluyeron en el bulto y al fin salió, cabizbajo, corriendo de aquel lugar.