De mi Homero

La noche se posó en la copa de las cavernas,
 por las ramas del ánima la oscuridad trepa,
 ahí va,  pregonando lo que confesa. 
Ella es bella, es torbellino, es una estrella; muchas rodillas hincadas cuando su pecho al aire vuela. 
Huellas de fe se adelantan ,
 tempestades acarician su cabello
 antes que un rayo de luz le dedique una ofrenda de lauros frescos.
 No temas mi niña...
los necios ignoran que la voluntad es eterna,
 y que la vara de Moisés los mares doblega.

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